Tres Arroyos despidió con profundo dolor al oficial Alan Molina
Cientos de vecinos y compañeros de la Policía Bonaerense acompañaron el cortejo fúnebre del joven oficial Alan Molina, fallecido en un trágico accidente. El último adiós reflejó el cariño y el vacío que deja en la comunidad de Tres Arroyos.
Tres Arroyos vivió este miércoles una de esas jornadas que se graban en la memoria colectiva del pueblo. Bajo un cielo gris que parecía acompañar el ánimo, cientos de personas se volcaron a las calles para dar el último adiós al oficial Alan Molina, el joven policía que perdió la vida en un accidente de tránsito mientras cumplía con su servicio.
El cortejo partió desde la comisaría primera, donde Molina prestaba servicios, y avanzó lentamente por las calles céntricas. Familiares, amigos, compañeros de la fuerza y vecinos que no lo conocían personalmente pero que sintieron el golpe se sumaron en silencio. “Acá en el pueblo decimos que cuando se va uno de estos pibes se nos va un pedazo”, comentaba un vecino que siguió el paso del féretro desde la vereda de la avenida Rivadavia.
Molina, de 26 años, era conocido por su carácter servicial y su sonrisa fácil. Ingresó a la Policía Bonaerense hace poco más de cuatro años y rápidamente se ganó el respeto de sus superiores y colegas. “Era de esos oficiales que no dudaban en bajarse del móvil para ayudar, aunque no fuera su turno”, recordó uno de sus compañeros que cargó el cajón junto a otros uniformados.
El accidente ocurrió en la madrugada del lunes en la ruta 3, a la altura del acceso a Tres Arroyos. Según los primeros informes, el móvil en el que se trasladaba Molina colisionó con otro vehículo por motivos que aún se investigan. El joven oficial fue trasladado de urgencia al hospital municipal, pero no pudo superar las graves lesiones.
En la parroquia Nuestra Señora de la Merced, el padre Juan Carlos Ledesma ofició una misa cargada de emotividad. “Alan eligió servir a la comunidad y hoy la comunidad está acá para acompañar a su familia”, dijo durante la homilía. Los bancos desbordaban de gente; afuera, decenas más seguían la ceremonia a través de altavoces.
El intendente municipal y autoridades policiales de la región también estuvieron presentes, aunque en un segundo plano. Lo que primó fue el abrazo sincero, las lágrimas contenidas y los recuerdos compartidos en voz baja. “Esto duele porque era uno de los nuestros”, sintetizó el comisario jefe de la zona al hablar brevemente con la prensa local.
Tras la ceremonia religiosa, el cortejo se dirigió al cementerio local. El camino fue escoltado por móviles policiales con luces encendidas y sirenas apagadas, en un gesto de respeto que se repite en estos casos pero que nunca pierde su peso. Familiares directos, visiblemente conmocionados, recibieron el apoyo constante de la comunidad.
En Tres Arroyos, como en muchos pueblos de la 6ª sección, la policía no es una institución lejana: son los pibes del barrio, los que jugaron en las inferiores del club, los que uno saluda en la plaza. Por eso el dolor se siente doble. El vacío que deja Alan Molina tardará en cerrarse.
Desde la Jefatura Departamental confirmaron que se realizarán las pericias correspondientes para determinar las causas exactas del siniestro. Mientras tanto, la familia pidió privacidad para transitar el duelo.
El pueblo, que ya imprimió su nombre en la lista de los que se fueron demasiado pronto, volvió a demostrar que sabe estar. Porque acá, cuando duele de verdad, no hace falta que nadie convoque: la gente aparece. Y apareció, como siempre, para despedir a uno de los suyos.