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¿Hasta cuándo trataremos banalmente la muerte?

La banalización de la muerte es el tema elegido por Carlos Lionel Traboulsi* para hacer un análisis de la situación social y los acontecimientos de los últimos tiempos, que ponen en el centro la conducta humana como violenta e irracional.

Hoy, como sociedad, estamos viendo el avance de la irracionalidad manifestada en el conjunto de hechos materializados en estos últimos tiempos, que demarcan el alto grado de violencia que produce daños, hasta incluso la muerte.

Como personas diariamente le hacemos frente a las distintas circunstancias y nuestras vivencias negativas producen frustraciones que comienzan a jugar un rol fundamental en la manera de relacionarnos con el entorno, incluso con nosotros mismos. Los antecedentes personales quedan al descubierto frente a cada hecho, trascendente o intrascendente, viendo que las respuestas que generan son cada vez más violentas.

Fernando Báez Sosa ha sido la última noticia impactante, pero muchas más se pueden sumar producidas por eventos deportivos, sociales, acciones delictuales, altercados vecinales, gremiales, etc. Estamos en una etapa social donde se está tratando de cambiar la forma de vivir y sentir, se vigorizan muchas acciones agresivas y/o destructivas y lo que es peor, hasta la muerte se banaliza.

Hay una tendencia marcada a inculcar la pulsión de muerte freudiana que en la teoría ha marcado un antes y un después en la orientación clínica psicoanalítica. Esta teoría extiende el horizonte de su acción a otros campos donde el retorno de lo reprimido; el principio de placer son insuficientes para comprender ciertos fenómenos psíquicos y, frente a los efectos inconscientes de lo no reprimido, de la compulsión repetitiva, la sensación de catástrofe inminente, de apoderamiento de sus ser por lo siniestro, de ir al momento anterior de la vida, lo inorgánico, se actúa con violencia, con auto destrucción, con una actitud mesiánica. Esto se profundiza con el caos moderno que genera Foucault proclamando la revolución sexual rechazando toda represión por parte de la autoridad.

¿El alcohol?

Colabora, como las drogas, pero hay un antes que sumado a lo que se dijo está en la destrucción del marco familiar, deterioro de la educación con imagen de autoridad y esfuerzo con violencia hacia los docentes y entre compañeros, el entorno social, cultural de hedonismo y placer individual como desarrollo personal, que los medios de comunicación también contribuyeron a introducir en las vidas inconscientes de las personas.

El ataque a la familia, primer reducto de educación y contención de la persona; el rechazo a la autoridad paterna por considerarlo atentatorio de la mujer; la conducta feminista de confrontación con el varón como responsable de sus males; la inducción al aborto como derecho de la mujer; la ideología de género desconociendo la realidad biológica del ser humano; la terapia freudiana de Pulsión de la muerte con su potenciación Foucaultiana, la falta de valores y el materialismo de los triunfadores económicamente producto de un capitalismo desenfrenado, el despojo de ejemplaridad de las elites sociales dirigenciales, el vacío del Estado, el abandono de los más vulnerables, la corrupción en sistema judicial que garantiza la impunidad de los poderosos, entre otras circunstancias, hace que hayamos perdido los lazos de contención y comprensión y solo la violencia sea el camino auto satisfactorio para dar respuestas a nuestro ser.

Debemos construir una sociedad con la teoría y convicción de defensa de toda vida que nos garantice el camino en común, fraterno y solidario de la persona humana, descartando la cultura del descarte y de la muerte.

Una sociedad que defienda y valore toda vida, descartando la cultura del descarte y de la muerte como así la del ocultamiento en el alcohol y las drogas, que son como conclusión, potenciadores de situaciones preexistentes en la persona sobre las cuales tenemos que trabajar fortaleciendo las familias, la educación con valores en acción y una sociedad con premios y castigos donde la autoridad sea un límite al exceso individual o grupal.

La pulsión de vida que nos da satisfacción, plenitud, ganas de vivir, cuidando y perfeccionando la vida, debe ser nuestro horizonte. Empecemos a reflexionar, no nos sintamos el ombligo del mundo rechazando la posibilidad de reflexión y acción como respuesta de auto defensa; dejemos de ser parte de un sistema superficial respaldado por muchos millones de dólares que solo busca la destrucción como sociedad, en particular de los países pobres y en vía de crecimiento.

Un mundo para pocos y ricos es el que impulsa el imperialismo que empezó hace más de 5 décadas y que hoy está en la cresta de la ola por conseguir el éxito si seguimos extasiados mirando otra película jugando con el idioma inclusivo en los intervalos para incluir lo que ya está incluido, que es la persona humana, y dejar afuera nuestro futuro.

(*) Carlos Lionel Traboulsi

Abogado. Diplomado en relaciones internacionales. Secretario General del Partido Demócrata Cristiano de la Ciudad de Buenos Aires.

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