Adolfo Alsina

100 Años que marcan “el” rumbo

¿Recuerdos del futuro?

Por Tomás Loewy – www.proyectodepais.com.ar

Dos factores concurrentes determinaron aquel progreso notable de este «pañuelito territorial» del sudoeste bonaerense: la vocación comunitaria y la herramienta cooperativa como filosofías de vida.

No es común reproducir, en un pequeño espacio, una secuencia de hechos que remiten -como caso- al proceso de evolución-involución territorial del país. Colonia Lapin es una extensión de cuatro leguas cuadradas, en la parte sur del partido de Adolfo Alsina (Provincia de Buenos Aires), que en 1919  lucia semidesértica y cubierta de pasto puno. Al lugar llegaron, desde Europa Oriental, unas veinticinco familias judías  (inicialmente en La Pampa), a partir de una gestión de don Eusebio Lapin como director de la Jewish Colonization Association (JCA).

La operación formaba parte de una vasta filantropía -no asistencialista- que motorizaba desde 1891 el Barón Maurice de Hirsch (1831-1896). La calificación «no asistencialista» no es un dato menor: implicaba un trabajo social, con visión de largo plazo, para que los beneficiados terminen arbitrando su destino. A los colonos nada les fue regalado, excepto el reconocimiento de su propia dignidad.

Argentina en 1919 era uno de los países con mejor expectativa, en el concierto mundial, a partir del proyecto de desarrollo de la generación del 80. El desafío de aquellas familias era «valerse por sus propios medios» y vaya si lo lograron, aun en un ambiente particularmente inhóspito y exento de servicios elementales. En 1921 llegaron nuevas familias y en 1964 ya se contabilizaban cincuenta,  organizadas social y productivamente.

La aptitud comunitaria y la herramienta cooperativa, les permitieron desplegar un amplio espectro de actividades culturales, de comercialización, servicios y consumo, estafeta postal, sala de primeros auxilios y escuelas. Todo con gran sacrificio, porque a pesar de tantos pedidos la ruta nunca pasó.

Para alcanzar suficiencia territorial, solo faltaba esa vía de integración y la promoción de Buenas Prácticas Agrícolas con una visión sistémica. Pero a partir de los años setenta primó el enfoque economicista, que condicionaba a las Pymes agrarias. En los noventa se institucionalizó el abandono de esas unidades, socavando su ecuación económica y el vital sostén cooperativo.

Hacia el final del siglo, el factor humano aceleró su éxodo a pueblos y ciudades. De esta forma, acompañaron la desertificación interior y el colapso de centros urbanos y conurbanos.  Hoy, en el centenario de esta epopeya rural, el país se encuentra con una población rural (dispersa) menor al 2%. También con el 0,1 % del territorio determinando rumbos nacionales: ¿existe un corolario más elocuente para esta involución vertiginosa?

La fecha nos puede sorprender nostálgicos, escépticos u optimistas, pero no exentos de esperanza para capitalizar este duro aprendizaje. La historia no se repite, necesariamente, si la sabemos documentar como memoria y como insumo de proyectos alternativos. Hoy contamos, por ejemplo, con diseños de desarrollo local -desde la agricultura familiar- basado en modelos agro sociales sostenibles.

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Celebramos que los valores generados en aquellos años no se hayan perdido y sigan vigentes. Prueba de ello es el brío de los jóvenes, y no tan jóvenes, para acometer la ingente tarea de organizar la conmemoración. El resultado fue esplendido, superando altas expectativas: de cincuenta familias que habitaron alguna vez (ahora cinco) se congregaron 600 personas, de varias generaciones y lugares.

Cien años es un número, pero las reminiscencias identitarias fueron mucho más fuertes. Fue, en fin, la gratificación que nos asignamos por haber peregrinado la distancia y el tiempo, manteniendo la mística y el espíritu de arraigo en esa colonia.

Buenas prácticas agrícolas con desarrollo local para el SO bonaerense
Tomás Loewy

Las fuerzas permanecen intactas para cuando -como país-  decidamos emprender un rumbo de perfil territorial, equitativo y ordenado, para una sociedad-mundo.

Tomás Loewy

Es Ingeniero Agrónomo (M. Sc.), graduado en la Universidad Nacional del Sur.

Ex técnico de INTA Bordenave y actual investigador en Desarrollo rural y Sostenibilidad. Contacto, tomasdarre@gmail.com

Ver también: 100 Años de Colonia Lapin

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