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El sueño colectivo

Argentina para una sociedad-mundo

Por Tomás Loewy

Ningún país se puede salvar por sí mismo. Para diseñar un proyecto, las perspectivas espacio-temporales y biológicas son esenciales.

Los verdaderos problemas del país no se resuelven en «modo electoral», con un plan económico o una cosecha record. Las herramientas que nos pueden ayudar a diseñar un futuro nos remiten a las estructuras y los sistemas. De esta forma, se pueden detectar las «causas raíz» de nuestras frustraciones y aproximar las claves de un tratamiento eficaz.

Los doctores López Rosetti y Facundo Manes, desde un punto de vista clínico, diagnostican que «necesitamos un sueño colectivo». Esta demanda, se puede materializar a través de un Proyecto de País.  Lo que sigue es una breve secuencia de insumos conceptuales, culturales y políticos, funcionales a este propósito.

Premisas, encrucijadas y conciencias

Las sociedades evolucionan desde una diversidad de imaginarios y utopías. Estas últimas se nutren en las artes, las humanidades y las ciencias sociales. Anteriormente las utopías fueron motores de la historia, más aun que la lucha de clases. En el siglo XXI ya predominan las distopías (catástrofes ambientales o económicas) sin pasado ni futuro, solo presente.

Premisas conceptuales, culturales y políticos, funcionales a un Proyecto de País.

En ese contexto, hoy transitamos una serie de dilemas (Tabla 1) cuya resolución es previa a cualquier evolución nacional. Los términos comparativos -de estas visiones- no son dicotómicas o excluyentes, pero la priorización decide el rumbo.

Tabla 1. Visiones político-culturales a dirimir

  • Economía / Proyecto.
  • Populismo / Democracia.
  • Impunidad / Justicia.
  • Crecimiento / Desarrollo.
  • Electoralismo / Agenda.
  • Mercado / Política.
  • Productivismo / Sostenibilidad.

El último cruce se puede definir como la contradicción permanente entre racionalidad instrumental (económica-crematística), parcial, y la racionalidad socio-económica-ecológica, global. Para dirimir estas opciones, las perspectivas espacio-temporales y biológicas son vitales.

El primer atributo se denomina Topoconciencia y permite al individuo incorporarse, tomando percepción de su propio cuerpo y de su ubicación en el espacio: es lo que M. Berman (1992) ha llamado anclaje somático, cuya ausencia es la causa principal de las ideologías.

El segundo requisito es la Cronoconciencia,  que define la capacidad para percibir el tiempo como proceso histórico. Recupera una percepción evolutiva que permite relativizar los fenómenos del presente, incluyendo su propia actuación.

Por último, la Conciencia de especie genera habitantes interdependientes, de una misma casa y con un destino común, con una historia y un futuro. Esto otorga una ética planetaria y de la supervivencia, basada en la cooperación, la comunicación y la comprensión de una realidad compleja (adaptado de Toledo, 2009).

Esta triple conciencia habilita identidad y visiones más realistas de la sociedad. Ambas señales son necesarias para imaginar proyectos -estructurales y estructurantes- compatibles con una sociedad-mundo.

Oferta y demanda de un Proyecto de país: Fuentes alternativas

Está claro que no siempre hay que responder a las demandas, en muchos casos hay que generarlas y este es nuestro caso. En el perfil de esta demanda, para la promoción de nuevas agendas públicas (tangibles e intangibles), importa mucho su fuente de origen (Tabla 2)

Tabla 2. Fuentes de inspiración para una agenda país

  • Mercado de ideas (Democracia)         
  • Ideologías de mercado (Neoliberalismo) 
  • Mercado de ideologías (Populismo)

Los imaginarios más creativos evolucionan dentro de una democracia: las ideologías y las corporaciones no son conducentes a estos efectos. Esta digresión aparece más clara si recordamos que un Proyecto de País debe contener -al menos- los siguientes objetivos: Identidad, Sentido, Futuro, Ética del bien común, Sostenibilidad y Responsabilidad global.

Perspectivas y propuestas iniciales

El enfoque economicista presenta al crecimiento económico como fuente de todo progreso: privilegia el abordaje por síntomas y trabaja por sectores, zonas y rubros; confía en la ciencia y la técnica para alcanzar sus objetivos; desatiende lo social, ambiental y el cambio global.

El enfoque sistémico, empero, contempla la estructura del país, en términos de equilibrio, institucionalidad y sostenibilidad. Examina las relaciones sociedad-naturaleza (metabolismo social),  satisfaciendo necesidades nacionales en coherencia con las mundiales.

Adscribiendo al segundo modelo y dada la situación actual de la Argentina, se proponen tres emprendimientos (Tabla 3) de carácter transversal.

Tabla 3. Tres políticas de Estado iniciales

  • Ordenamiento Territorial (Desconcentración y funcionalidad)
  • Multifuncionalidad Agrícola (Equidad y salud)
  • Educación Ambiental (Capital natural y ética planetaria)

La gran transformación, subyacente, es el inicio de una desconcentración y repoblamiento del interior, a través de pymes sostenibles. Paralelamente, la Educación Ambiental es un compromiso de calidad de vida y de acciones frente al cambio global. Al respecto, la noticia más importante -de este siglo- es el movimiento de jóvenes contra el cambio climático.

Políticas equivalentes y coherentes, todas entre sí, deben diseñarse para las componentes urbanas e industriales, de turismo y de servicios. Esto se trata de política, más allá de los políticos: definitivamente, la sociedad civil tiene que ser protagonista.

Premisas conceptuales, culturales y políticos, funcionales a un Proyecto de País.

Tomás Loewy

Es ingeniero agrónomo.

Desarrolla sus actividades en los Departamentos de Agricultura y Economía, de la Universidad Nacional del Sur. Investiga en Sociología Urbana / Rural. Su proyecto actual es “Desarrollo rural y sustentabilidad”.

Fue investigador colaborador de la Estación Experimental Agropecuaria – INTA Bordenave.

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