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Cristina dejó una bomba, Macri la anda buscando

 

Todos lo advirtieron. Los descalabros de la gestión de Cristina Kirchner, no sólo en materia económica, era una bomba que le dejaba al próximo gobierno.

Mauricio Macri y quienes lo apoyaron creyeron que su sola presencia en el gobierno sería suficiente para desactivarla.

Craso error, por irresponsabilidad, inoperancia o ignorancia.

Es bueno saber que la bomba no la dejó Cristina, ella solo le agregó algunos megatones. Como Macri ahora. Mejor es saber dónde está y como desactivarla.

En realidad la bomba hace mucho tiempo fue armada en la Argentina. Hay quienes dicen por el gobierno de Juan Domingo Perón en 1945, otros dicen que los primeros esquemas de la bomba se hicieron hacia fines de la década del 30 cuando la entonces Unión Soviética comenzó a desarrollar sus planes imperialistas en América Latina.

Pero es ocioso detenerse en ello. La bomba está y debemos ocuparnos de desactivarla antes de que explote y destruya lo poco que queda. Y la única manera de eliminar una bomba compleja y no produzca daños irreparables, es hacerla estallar en un sitio estanco.

Lo primero que tenemos que saber es dónde está la bomba

Está en la escasa producción de bienes para alimentar, vestir y albergar. Solo unas 2 millones de personas producen algo y es insuficiente para las necesidades de 44 millones. Agravado por el hecho de que todos consideran necesitar bienes que no producimos, no produciremos nunca y compramos en el extranjero pagándolos con lo que producimos y vendemos mucho más barato que aquellos.

La única manera de desactivar esta bomba es cambiar las estructuras políticas, que abarcan las económicas y sociales.

Cómo desactivarla

Ya lo hemos escrito. Para poder revertir la situación política, social y económica es imprescindiblemente necesario:

Eliminar todas las leyes y decretos de materia económica dando total libertad de trabajo, emprendimiento y asociación. Incluye la eliminación de todos los impuestos, tasas y contribuciones. Aplicación de la tributación de Ganancias, de un 10% y hasta el 50%, sobre todo lo que exceda el gasto mensual de cada uno, exceptuando de ser considerados “gastos”, la adquisición de bienes como joyas, vehículos lujosos, viajes al exterior, bienes muebles que no sean de uso personal, etc.

Cambio de la moneda con rescate de los actuales pesos en proporción a la mayor tenencia por parte de los habitantes, de manera de posibilitar que el excedente pueda ser repartido entre todos los ciudadanos en partes iguales para posibilitarles con ellos cubrir sus necesidades o iniciar un emprendimiento. Establecer el valor de la nueva moneda con respaldo de algo invariable (ejemplo, el oro), para terminar con la depreciación para siempre. Ello también permitirá la recuperación de más de 200 mil millones de dólares depositados en el extranjero.

Reforma de la tenencia de tierras urbanas para acabar con la especulación desmedida de personas o grupos económicos y posibilitar el acceso a sectores hoy imposibilitados, además de la generación de millones de empleos. Se hace a través de la obligatoriedad de realizar mejoras (cerco, vereda, limpieza permanente) o su ejecución por parte de autoridad municipal, provincial o nacional, con costos al propietario y expropiación en caso de incumplimiento otorgándoselo a quien quiera darle uso con facilidades de pago de hasta 100 años. En igual sentido establecer la obligatoriedad, para los casos de loteos, venta o alquiler, de contar con todos los servicios: agua, luz, gas, telefonía, televisión, internet (todos ellos por vía subterránea), cloacas, asfalto, arbolado y desagües.

Estas tres medidas esenciales conllevan una serie de reformas en las áreas de educación, salud y justicia, todas en el mismo sentido de contribuir al bien común y desarrollo integral de la Argentina y claramente explicitada en el Programa, que por su extensión no están aquí expuestas.

Solo así podremos decir que hemos acabado con la decadencia y tendremos un futuro venturoso. Nadie crea que es imposible, mucho menos novedoso, es lo que hicieron los países a los que los argentinos viajan, admiran o se van a vivir.

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